
-Despertad, levántate por favor! -dijo tomándolo entre sus brazos.
-Que sucede, que me ha pasado! -respondí-. Soñaba con los tiempos de mi niñez...
-¡Al parecer te has desmayado fruto del cansancio! -contestó-. Pero no hay tiempo para hablar de aquello. Estamos rodeados, las huestes del Norte han sido derribadas, y las del Este apenas se mantienen en pie, y por lo visto la que vosotros encabezabais, se ha vuelto un desierto de sangre, casi no hay sobrevivientes, (lo toma del brazo rápidamente).
-!Pero que hacéis, soldado! -increpé.
-!Tenemos que salir de aquí! -contestó-. Los orcos se dirigen hacia acá, con fuerzas aún mayores, y en poco tiempo asolaran nuestras aldeas, debemos escapar para poder alertarlas. (asentí)
Tuvimos que recorrer el campo baldío hasta los bosques, en la soledad, completamente abandonados, envueltos en sombríos sueños, holgaban cientos de hombres, prisioneros en el enclaustrado óbito de un albur. En el trayecto comprendí, que los orcos me habían dado por muerto, sin saber que en realidad padecía de un estado de aletargamiento, más parecido a la muerte que a un ensueño, pero nunca verdaderamente lo primero. Nos internamos ágilmente en la arboleda, cruzamos un arroyo, y lo reconocimos de inmediato, las aldeas deberían estar a casi unas dos millas. Era obvio que no éramos los únicos sobrevivientes, por tanto confiaba en que ya algunos de nuestros hermanos habrían alertado a nuestras familias, pero aún no encontrábamos a nadie que confirmara nuestras esperanzas.
Aquel hombre que caminaba en los mismos senderos que yo, era de talla alta y cuerpo robusto, me llamaba la atención algo en sus facciones, que al no ser de alguien maduro, representaban sin duda alguna, una vida llena de bemoles. Tal vez fuera mi imaginación, pero aquel sujeto se me presentaba, como aquel hombre de pocos años, que ha vivido más que mucho de los más viejos...
No se como se presentó ni como vino aquella sensación inusitada, algo que nos asfixió el corazón y nos incitó correr, pero lo cierto es, que al cabo de un instante, nuestros pies avanzaban ligeros como los ciervos en primavera. La verdad es que unos extraños fulgores amenazaban el cielo, y a menos de una milla más allá, una luz inusual se cernía sobre la espesura, vaticinando los hechos más funestos.
-!Oh malditos demonios de la sombra! -gimió-. Los orcos han llegado primero que todos nosotros.
-!Apurad el paso, que todavía no está todo perdido! -grité-. Acaban de llegar, las huellas son frescas, sin duda, aquella luz fogosa, no es más que la última batalla desesperada que rinden nuestros últimos vigías ¡Corred hermano y demostradme de qué estas hecho! ¡Que el fuego del bosque inunde este grito, porque como el mismo huracán traído de los cielos, lo haré temblar por los rincones de Arda!
No sé cómo, pero mi garganta rugió desde mis entrañas, y ese fue mi gran error, pero en ese momento en lo único que pensaba era en los ojos de mi amada, grises y tiernos como el crepúsculo de los astros que rozan el horizonte en pleno verano. En el acto, caí en un estado de abismal sopor, sólo recuerdo que corría mecánicamente con vigorosa rapidez, pero a la vez mi mente y también mi alma, estaban en otro lugar, se fundían en el cosmos de recuerdos hermosos....
-Que sucede, que me ha pasado! -respondí-. Soñaba con los tiempos de mi niñez...
-¡Al parecer te has desmayado fruto del cansancio! -contestó-. Pero no hay tiempo para hablar de aquello. Estamos rodeados, las huestes del Norte han sido derribadas, y las del Este apenas se mantienen en pie, y por lo visto la que vosotros encabezabais, se ha vuelto un desierto de sangre, casi no hay sobrevivientes, (lo toma del brazo rápidamente).
-!Pero que hacéis, soldado! -increpé.
-!Tenemos que salir de aquí! -contestó-. Los orcos se dirigen hacia acá, con fuerzas aún mayores, y en poco tiempo asolaran nuestras aldeas, debemos escapar para poder alertarlas. (asentí)
Tuvimos que recorrer el campo baldío hasta los bosques, en la soledad, completamente abandonados, envueltos en sombríos sueños, holgaban cientos de hombres, prisioneros en el enclaustrado óbito de un albur. En el trayecto comprendí, que los orcos me habían dado por muerto, sin saber que en realidad padecía de un estado de aletargamiento, más parecido a la muerte que a un ensueño, pero nunca verdaderamente lo primero. Nos internamos ágilmente en la arboleda, cruzamos un arroyo, y lo reconocimos de inmediato, las aldeas deberían estar a casi unas dos millas. Era obvio que no éramos los únicos sobrevivientes, por tanto confiaba en que ya algunos de nuestros hermanos habrían alertado a nuestras familias, pero aún no encontrábamos a nadie que confirmara nuestras esperanzas.
Aquel hombre que caminaba en los mismos senderos que yo, era de talla alta y cuerpo robusto, me llamaba la atención algo en sus facciones, que al no ser de alguien maduro, representaban sin duda alguna, una vida llena de bemoles. Tal vez fuera mi imaginación, pero aquel sujeto se me presentaba, como aquel hombre de pocos años, que ha vivido más que mucho de los más viejos...
No se como se presentó ni como vino aquella sensación inusitada, algo que nos asfixió el corazón y nos incitó correr, pero lo cierto es, que al cabo de un instante, nuestros pies avanzaban ligeros como los ciervos en primavera. La verdad es que unos extraños fulgores amenazaban el cielo, y a menos de una milla más allá, una luz inusual se cernía sobre la espesura, vaticinando los hechos más funestos.
-!Oh malditos demonios de la sombra! -gimió-. Los orcos han llegado primero que todos nosotros.
-!Apurad el paso, que todavía no está todo perdido! -grité-. Acaban de llegar, las huellas son frescas, sin duda, aquella luz fogosa, no es más que la última batalla desesperada que rinden nuestros últimos vigías ¡Corred hermano y demostradme de qué estas hecho! ¡Que el fuego del bosque inunde este grito, porque como el mismo huracán traído de los cielos, lo haré temblar por los rincones de Arda!
No sé cómo, pero mi garganta rugió desde mis entrañas, y ese fue mi gran error, pero en ese momento en lo único que pensaba era en los ojos de mi amada, grises y tiernos como el crepúsculo de los astros que rozan el horizonte en pleno verano. En el acto, caí en un estado de abismal sopor, sólo recuerdo que corría mecánicamente con vigorosa rapidez, pero a la vez mi mente y también mi alma, estaban en otro lugar, se fundían en el cosmos de recuerdos hermosos....

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