En un suspiro calmo
la noche y el silencio,
gritan, callan, sueñan y desprecian
el posible abandono
de una vaga mirada
en tiempos de otoño.
La vieja crueldad
de palabras vacías y miradas furtivas
sepultan los sueños y anhelos
de un par de ojos que en la brisa nocturna
se escuchan serenos
¡que más da! juego superfluo y contento vil,
sueño tortuoso,
rompecabeza nebuloso
de fantasmas inventados,
estúpida insistencia de saber todo
negando la imaginación.
Pero ¡que más da!
un túnel abismal se siembra en mis entrañas,
fragmenta mis sentimientos en islas deshabitadas,
¿pudor? ¿vergüenza?
se cierran mis ojos
y el túnel se delata, y con él,
una estrella ilumina mis adentros,
ojos dulces y serenos me tocan a lo lejos,
una ventana de aromas lejanos,
un susurro de estrellas
en una noche de verano.
Será, porque sigues ahí,
al otro lado de la ventana,
como si la melancolía te robara,
o la soledad de embargara,
ojos suaves y serenos,
plenilunio de días,
ocaso de noches,
aunque no me reproches,
que de mago me jacto,
baila con migo esta noche,
este dulce canto,
porque en esta noche traicionera,
yo no sé si soy yo el mago,
o tu la hechicera.
Sin embargo, te cantaría hasta que mi voz
No fuera sino un susurro en tus ojos,
Hasta que mi voz
Cual si fuera una gota en el cielo
Se desvaneciera por el sol de tu mirada,
Te cantaría hasta que tú,
Mi amada,
Me atravesaras el corazón
Y ni aún así, aunque fuera
Con mi propia espada,
Dejaría de cantarte, quizá en otros rincones
Con mi voz desmayada.
